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He vuelto a los quehaceres de la web, estoy en pleno huracán de exámenes así que es por eso mi ausencia, gracias a los que me enviaron mails, de a poco los iré contestando de acuerdo?.
Quise hacer un break a todo y comentarles acerca de un interesante artículo de la penúltima edición de la revista "Nature" que leí esperando en la consulta de mi dentista, se los comento a continuación.
Existe un informe de la ONU para los Asentamientos Humanos del que hace un par de semanas se conocieron algunos adelantos concluyó que durante el próximo año más de la mitad de la población del mundo vivirá en áreas urbanas, aunque no precisó los porcentajes. Según la investigación, de los 6.450 millones de habitantes de la Tierra en 2005,3.170 millones, el 49,1%, residía en ciudades. De esta forma, con una tasa de crecimiento del 1,78% anual, se estima que de los 8.100 millones de seres humanos en 2030, alrededor de 5 mil millones morarán en centros urbanos...uff!!
Se trata de un fenómeno, agrega el estudio, especialmente claro en los países en desarrollo, entre ellos los latinoamericanos. Y eso, si se considera la dimensión de la pobreza, tiene expresiones diferentes a las más habituales en las zonas rurales. Sobre esto, el programa de la ONU establece que la población que vive en las zonas marginales de las ciudades ha crecido en forma sustancial y ya supone un tercio de todos los habitantes de la Tierra.
Sería valioso que este tipo de información global sirviera para impulsar ciertas iniciativas en Chile. Según el Censo 2002, el 86,6% de los chilenos vive en zonas urbanas y el 13,4% en áreas rurales. En 1992, los porcentajes eran 83,5% y 16,5%, respectivamente. Conviene tener en cuenta que el éxodo campo-ciudad no es en sí mismo negativo. En la medida en que se produce en forma más o menos constante y diversificada puede ser, incluso, interpretado como la consecuencia de que las urbes son un factor productivo interesante y que ofrecen satisfacciones a problemas que el campo no puede dar.
Lo que sí debiera inquietar más en Chile es que buena parte de esos traspasos de población se dirijan hacia la Región Metropolitana (Región en donde se encuentra Santiago, nuestra capital), en general, y la capital, en particular, fenómeno que se suma al crecimiento natural de la masa de habitantes capitalinos. Como resultado, de acuerdo con el mismo Censo 2002, el 40,1% de la población chilena vive en la Región Metropolitana, mientras que una década antes era el 39,4%. Esta alta concentración de recursos humanos y productivos en la capital juega en contra del desarrollo del resto del país. Por eso, lo deseable sería que autoridades y legisladores mostraran, con hechos, más compromiso con un verdadero proceso de descentralización. Es un asunto de larga data en la agenda política y legislativa del que se ha hablado mucho, pero en el que, con algunas excepciones valiosas, se ha hecho bastante poco e, incluso, ha sido objeto de no poca retórica inconducente (como el debate sobre la ubicación del Congreso).
Chile requiere un impulso definitivo a la creación de polos de atracción urbanos distintos a la capital. Y eso supone nuevos diseños políticos y económicos. En el primer plano, por ejemplo, una redefinición de la naturaleza de las autoridades regionales. De los intendentes, por ejemplo, que tal como están concebidos hoy son figuras claramente insuficientes. Lo mismo pasa con seremis y gobernadores. Hay que cambiar su sentido: más que representantes de la máxima autoridad del Estado en las regiones (el Presidente de la República los elige) debieran ser exponentes de ellas ante los personeros centrales.
En el nivel económico las partidas que se dedican a los gobiernos regionales son insuficientes y, además, en un porcentaje altísimo (cerca de un 70%) el destino de las inversiones se decide en la capital. Se requiere más autonomía en este punto. Entre las 36 medidas con las que la Presidenta de la República se comprometió durante sus primeros 100 días está la creación de las Agendas Regionales de Desarrollo Productivo, que tienen, en lo esencial, la misión de coordinar la oferta de instrumentos de apoyo a las empresas locales y articular los procesos de inversión pública a través del Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR) y los programas sociales sectoriales. Si bien su concreción es valiosa, aún es muy insuficiente para el tamaño del esfuerzo que Chile requiere en este materia...al parecer Santiago, y, precisamente la Región Mepropiltana siguen siendo Chile.