Nunca antes en esta elección presidencial, ni en la historia de Chile, el factor mujer ha jugado un rol preponderante (en relación a la elección presidencial de este Domingo 15 de Enero en Chile).
Desde luego, ha estado encarnado en Michel Bachelet (candidata de gobierno), pero atribuírle sólo a ella sería desconocer fenómenos más profundos que están madurando en la sociedad chilena y en la sociedad entera. Incluso podría sostener que Bachelet es producto de esas dinámicas sociales y no al revés.
Como sea la cosa, lo cierto es que las preferencias de mujeres y hombres se han dividido marcadamente en esta elección, al punto de que, si son acertadas algunas de las últimas encuestas dadas a conocer, se puede argumentar, particularmente en los sectores populares, que el resultado de este Domingo está determinado, y es una cosa de género, más que por cualquier otro factor de peso.
De hecho, ambas candidaturas han tomado a la mujer como uno de sus elementos centrales, Sebastián Piñera buscando conectarse con ese electorado, y Michelle Bachelet mostrando que el ser mujer no es una debilidad, sino una oportunidad.
En este contexto, organizaciones que en los últimos años han venido trabajando en los temas de mayor preocupación para las mujeres, han encontrado en la actual coyontura electoral un espacio propicio para hacer más visibles sus planteamientos, sensibilizando a la opinión pública con los problemas que han detectado, y han emplazado a los candidatos presidenciales a asumir compromisos en su solución. Un ejemplo de ello es Comunidad Mujer, que a través de un estudio basado en las opiniones de más de cinco mil mujeres en todo el país, hace unos meses, detectó que las preocupaciones fundamentales de ellas se centraban en dejar a los niños en buenas manos para poder salir a trabajar, en la necesidad de capacitación técnica y apoyo para emprender iniciativas o negocios personales, en el machismo de sus cónyuges, en el hacinamiento en sus viviendas básicas, en el acceso a la salud, débil acceso en Chile, y en los problemas de comunicación y fortalecimiento de los lazos familiares. Contrariamente a lo que se pudiera haber pensado, la violencia intrafamiliar y la jubilación para las dueñas de casa no estuvieron dentro de sus inquietudes prioritarias de campaña.
Pretendiendo lograr que esas demandas se transformen en políticas públicas reales que el próximo gobierno haga suyas, esa misma organización logró hace unos días que los candidatos firmaran un compromiso para impulsar cinco transformaciones concretas que beneficien a las mujeres: salas cuna, y guarderías infantiles, horarios de trabajo flexibles para hombres y mujeres, capacitación para mujeres semicalificadas o sin calificación (calificación=estudios o preparación para un trabajo determinado), concentración de los programas de beneficio a la familia en un mismo lugar de atención, y una campaña potente y permanente en contra de la violencia intrafamiliar.
La mayor parte de estos compromisos apunta a un tema que resulta esencial en la actualidad, para mujeres y hombres: la conciliación entre familia y trabajo. La relación entre estos dos mundos se halla en un estado de tensión, que afecta, más directamente, a las mujeres, Son ellas, todavía, las que cargan con la mayor responsabilidad dentro del hogar, junto con asumir crecientemente mayores cargas laborales, es su papel histórico.
El desafío en ningún caso es volver atrás, buscando el equilibrio de antaño, donde las mujeres velaban por los hijos, por agradar a su marido y los hombres velaban por el sustento de la familia y llegaban a casa, golpeando puertas y exigiendo un plato de comida, vinculado a la homogenización de los roles (también mencionado en un artículo que escribí). El desafío está transitar hacia un nuevo equilibrio, entendiendo que la participación laboral de la mujer es un fenómeno irreversible, positivo en muchos aspectos, y que en Chile irá aumentando aceleradamente, todo lo cual conlleva ajustes en el hogar y en el lugar de trabajo, amparados en regulaciones más flexibles y modernas.
Será deseable, por lo tanto, que el próximo presidente de Chile haga suyo estos desafíos y no se quede solamente en palabrería barata o proselitismo.