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  • Escrúpulos?

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    Debo confesar que ningún caso de la historia policial mundial me ha tenido tan en ascuas como el caso de la pequeña Madeleine McCann, desaparecida en mayo pasado. Ha llegado a tal grado el interés que todas las mañanas tengo la necesidad de revisar la prensa y enterarme de la última declaración de alguno de los padres o de las últimas diligencias de la policía lusa. Pero..¿qué es lo que causa tal grado de interés?¿tendrá relación los trascendidos acerca de que los padres de la pequeña Maddie podrían haber sido los autores de la desaparición y supuesta muerte de su propia hija?.
    Todo esto, amables lectores, no hará más que convertir en polvo mi fe en el género humano. En basura. Repentinamente , toda esperanza, todo haz de confianza en la especie a la que pertenezco se me ha desvanecido. Miro en todas direcciones sin saber ya en qué creer ni a qué salvavidas aferrarme. En esta hora terrible, en que nada de lo que un día di por verdadero queda sin hundirse, siento de golpe que todo lo sagrado, toda la compasión, toda la ternura y todo el dulzor de la humanidad han sido arrojados en el vertedero de los desechos industriales, en la negra cloaca de las cosas que sobran en esta modernidad vertiginosa y devoradora en que nos ha tocado vivir. Lo digo con un nudo en la garganta, encorvado sobre el computador, como alcanzado por una flecha, ¿Cuándo perdimos el corazón?¿en qué recovecos de la realidad nos hemos quedado sin espíritu?. La sola sospecha, fundada en pruebas forenses que apuntan a la culpabilidad de esos padres a quienes se les habría pasado la mano al sedar a su niña para que se durmiera pronto, es como una estocada en lo más hondo de mi condición humana.¿Acaso las canciones, los mágicos arrurús de antaño, los cuentos que ayer no más las madres leían a sus hijos para hacerlos dormir han sido sustituídos por jeringas hipodérmicas rebosantes de somníferos para anestesiarlos?¿el cuidado paciente y cariñoso con el que fuimos criados ha sido suplantado por letales fórmulas químicas y pócimas farmacológicas?.
    Hemos visto a los padres de Madeleine ser recibidos por el Papa en Roma, apoyados por estrellas de televisión, del deporte, consolados por figuras máximas del arte y la cultura, y acompañados a cada instante por centenares de personalidades de porte mundial. Se trata pues, de un caso que ha estremecido el planeta y movilizado a las policías de toda Europa. Pero hoy ese drama parece dar, de pronto, un vuelco insospechado y amargo. No acuso ni culpo a nadie. Somos todos a la vez víctimas y victimarios, porque a la luz rojita, sangrienta, de esta verdad espantosa es toda la humanidad la que ha vendido su alma al fragor deslumbrante de Belcebú y sus casinos, sus balnearios de lujo, sus placeres inextinguibles, sus hoteles de cinco estrellas, sus cenas glamorosas. La única verdad es que estamos malditos. La tierra se ha transformado en el infierno y nos bañamos en la aguas del Leteo, ¿los hijos se han transformado en adornos?Sí ¿y en estorbos que nos impiden el pleno goce glotón de un mundo repleto de tentaciones?También. Sólo importo yo, y otra vez yo, y mil veces yo.
    Cuesta, es verdad, creer en la culpabilidad de esos padres, porque cuesta creer que nosotros, a fin de cuentas, nos hemos convertido en ellos o en algo extraordinariamente parecido, aunque tengamos las manos limpias. Tanto padres e hijos, algo se nos desgarra adentro y nos dice que toda esperanza ha muerto y que el cadáver de la niña ha sido arrojado lejos, enterrado o echado a los perros. Algo nos dice que los únicos seres en que se puede confiar, los seres que velan apaciblemente el sueño de las criaturas, ya no están, ya no pertenecen a este mundo.

  • Crisis en Tribunales?

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    Hace un par de semanas nuestro COngreso Nacional aprobó en primer trámite constitucional un proyecto que introduce varias modificaciones orgánicas y procedimentales a la ley que creó los Tribunales de Familia, en marcha desde 2005. El texto legal busca descomprimir los graves problemas de atochamiento de los juzgados de garantía a través de un aumento en el número de jueces, la creación de unidades que velen por el cumplimiento de las resoluciones judiciales y el reforzamiento de labores administrativas, lo que supondrá llenar 330 nuevos cargos.
    Junto con lo anterior, el proyecto contempla, entre otras medidas, la derivación obligatoria a la mediación (sistema de resolución de conflictos en que un tercero imparcial, sin poder de decisión, ayuda a las partes a llegar a un acuerdo en materias como tuición y régimen de visita) lo que permitirá agilizar ampliamente los procesos. Finalmente, da mayor celeridad al sistema mediante el desarrollo de audiencias continuas y el incremento de filtros de las causas a través de un control de admisibilidad. Todo, con una inyección de $ 23.800 millones.
    La actual crisis que viven los Tribunales de Familia en todo Chile (que ya mostraron graves falencias a sólo tres meses de su puesta en marcha) se ha agudizado con el gran número de demandas de divorcio que han ingresado a esos juzgados en el último tiempo (en los primeros ocho meses se recibieron 20 mil peticiones de divorcio). Ello ha dado pie a una demora excesiva en la tramitación de los procesos, algunos de los cuales pueden tardar hasta dos años en contar con fallo en primera instancia.
    El origen del "colapso" de la Justicia Familiar radica, principalmente, en una errónea proyección de la demanda de casos: hoy ingresan a tramitación 420 mil causas por año, mientras que lo estimado inicialmente fueron 190 mil. Las críticas por este tema arreciaron en las últimas semanas tras conocerse el caso del juez presidente del Primer Tribunal de Familia de Santiago, Guillermo Cádiz, quien tramitó su divorcio en un plazo récord de ocho días, un juez de Concepción también, lo hizo en 54 días. Ello, por supuesto, agudizó los cuestionamientos a un sistema que no ha cumplido con las expectativas puestas en su reforma.
    El Estado chileno invirtió alrededor de $ 55 mil millones para implementar la nueva Justicia de Familia. No obstante, los recursos resultaron ser insuficientes para afrontar el masivo ingreso de causas. Esta realidad provocó gran frustración entre los usuarios del sistema, sobre todo, porque éste se publicitó bajo la premisa de que la mayoría de los casos se tramitaría en un tiempo promedio de tres meses, algo que hoy se aleja bastante de la realidad.
    Por todo lo anterior, la aprobación de esta iniciativa legal, que apunta, justamente, a descomprimir los "cuellos de botella" del sistema es bienvenida, pertinente y oportuna. Da cuenta de la preocupación oficial por solucionar los errores de cálculo e implementación que han empañado una iniciativa de gran relevancia, diseñada para lidiar con problemas tan complejos y variados como pueden ser las dinámicas de conflicto, crisis y quiebres que se desarrollan en torno a la vida familiar.
    El proyecto fue elaborado por el Ministerio de Justicia en un trabajo conjunto con el
    Poder Judicial, con lo que se pretendió detectar con mayor precisión las áreas en donde deberían concentrarse los cambios introducidos por la iniciativa legal.
    La actual no es la manera como se pensó que funcionarían los Tribunales de Familia: un sistema especializado, cercano y ágil, ejemplo de la modernización del Estado, capaz de responder eficientemente a los cambios sociales del Chile del siglo XXI. Lo deseable es que dentro de poco el proyecto en cuestión se convierta en ley, para que pueda evaluarse hasta qué punto fueron acertados los cambios introducidos al sistema.

  • Chantantiago

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    Sergio Espejo, el flamante ministro de Transportes ha señalado recientemente que sólo un bajo porcentaje de los buses puede utilizar la tarjeta de pago Bip, que es un elemento vital del Transantiago. Si las tarjetas no funcionan, los pasajeros tendrán que pagar con dinero, lo que hace más lenta la subida de éstos, y, peor aún, impedirá que hagan trasbordos sin tener que pagar dos veces...
    Como si no fuera suficiente, no es el único problema del programa: los corredores necesarios para que los buses troncales operen eficientemente no existen, los paraderos no son los adecuados y los nuevos buses se han deteriorado durante el período en que han operado en rutas que no cumplían las condiciones requeridas.
    Aunque los buses amarillos llegaban a todas partes casi sin requerir transbordos, producían una enorme congestión, pues la mayor parte de ellos pasaban por unas pocas calles centrales. Además, la cantidad de buses en operación no respondía a la demanda, por lo que era común ver buses casi vacíos avanzando lentamente, y retrasando a los demás, para tratar de conseguir algunos pasajeros antes de abandonar las zonas centrales de la ciudad. El gobierno de Lagos pensó ofrecer un servicio más rápido y cómodo, y que evitaría el traspaso de usuarios al transporte privado, lo que podría hacer colapsar la ciudad. Al mismo tiempo, se reduciría la contaminación con buses más avanzados.
    Los problemas que se observan durante los últimos meses parecen mostrar que ninguno de esos objetivos se cumplirá. Los sufridos usuarios de la locomoción colectiva tardarán más tiempo en llegar a sus destinos, deberán hacer cansadores transbordos, irán en máquinas repletas y casi sin asientos. No tenía por qué ser así: en Colombia (donde impera un plan a escala reducida respecto al de Santiago) y en donde sí funciona perfectamente, un sistema similar ha funcionado bien y el público está satisfecho de sus servicios.
    Las causas de los problemas son múltiples, entre ellos los pocos recursos destinados originalmente al plan y los cambios de responsables del Transantiago. Influyó también lo ambicioso del proyecto, que abarcó a toda la ciudad y no sólo a algunos recorridos.
    En otras ocasiones en que Chile ha hecho reformas de envergadura, se han realizado marchas blancas, que permiten aprender de los errores y mejorar los procesos. Así ocurrió con la Reforma Procesal Penal, que comenzó en regiones y sólo al final llegó a la capital. Un sistema como el Transantiago podría haberse aplicado en una ciudad mediana, o en unas pocas líneas en Santiago. Además, se podría haber pensado en medidas complementarias, como la tarificación vial y un cambio bien planificado en los horarios de actividades.
    El actual Gobierno ha heredado un problema que viene del anterior, pero aparentemente sólo ahora se han dado cuenta de los efectos que el potencial desastre del Transantiago puede tener sobre su popularidad. Por este motivo, en los últimos meses el Gobierno ha estado llano a entregarle recursos. Pero aunque se transfieran muchos recursos fiscales, habrá un período más o menos largo en que los usuarios del transporte colectivo sufrirán las consecuencias de antiguos errores.

  • Uribe, el estadista

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    El presidente colombiano, lejos, es considerado el estadista de su país. Los filósofos políticos coinciden en que en esa categoría están los gobernantes que usan la autoridad legítimamente reconocida para promover el interés nacional. Un estadista es capaz de liderar para alcanzar el bien común, y al revés del populista, tiene una mirada de largo plazo que capta el Zeitgeist, o espíritu de los tiempos.
    En la globalización, los Estados deben compartir el poder con la sociedad, la enorme trama de intereses de los individuos. Sólo los gobernantes capaces de inspirar para que surja el talento natural de la gente y la energía de las personas podrán afianzar sus países en la nueva economía.
    Uribe está haciendo una diferencia en América Latina, donde todavía abundan caudillos cortoplacistas como Chávez en Venezuela, quien, como los anteriores gobernantes de ese país, sigue atando a su pueblo a la maldición del petróleo, al dinero fácil que se dilapida rápido.
    El presidente colombiano ha manejado con seriedad la economía de su país, que creció en el primer semestre alrededor de un seis por ciento.
    Chile y Colombia acaban de firmar un tratado de libre comercio, para impulsar aún más una relación que ya ha significado la inversión de tres mil quinientos millones de los verdes por parte de empresarios chilenos en Colombia en la última década.
    El presidente Uribe fue convidado a exponer en la Enade, foro que agrupa a los empresarios chilenos para discutir la marcha del país.
    Refiriéndose a las dificultades que ha enfrentado para lograr gobernabilidad tras años de luchas guerrilleras y extorsión de los narcotraficantes, dijo una frase que sacó aplausos: las cosas difíciles e importantes, explicó, se hacen con amor y dedicación.
    Increíble si se analiza que sus logros han sido disminuír la violencia terrorista y transformar a Colombia en el mayor receptor de inversión extranjera en relación al producto interno bruto en la región.
    Su fórmula es dialogar con cada sector del país, para lograr un cambio de mentalidad, un nuevo pensamiento que asocie la seguridad a la prosperidad. Es interés de todos que la seguridad no sea vista como una restricción de la libertad, sino como la condición que hace posible que lleguen los recursos, las inversiones, para lograr crecimiento y mayor equidad.
    El terrorismo, dijo, debe ser derrotado por la convicción de la gente. La seguridad es el prerrequisito para la verdadera democracia y la construcción de instituciones. Uribe habló de libertad para emprender, de cohesión social, de transparencia, conceptos muy pocos usuales hoy en América Latina.

  • Cómo asistir a una reunión social y parecer medianamente culto sin morir en el intento

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    Esto es privado y confidencial extrañados y amables lectores. Si usted repite estas explicaciones sobre la “eterna” mala distribución el ingreso, lo van a expulsar del club de Toby, Lulú, partido político o reunión social en que se encuentre. Al final de esta columna, le voy a contar lo que tiene que decir para prestigiarse, tranquilizar su conciencia y que lo elijan de algo.
    Las malas leyes y protecciones laborales, que encarecen o prohíben trabajar, tienen en la inactividad a unos dos millones de chilenos. ¿No me cree?, observe las cifras y compárelas con otros países, ¡una vergüenza nacional!.
    La insuficiente apertura comercial (sí, insuficiente) encarece los bienes de consumo popular, como los alimentos. Con variados pretextos, ciertos grupos empresariales (observar simplemente el agro) consiguen de los políticos protecciones que reducen el ingreso de los pobres. Si estuviéramos financieramente abiertos, incluída alguna modalidad de dolarización, tendríamos más crédito popular y más barato, agregado a ello financiamientos largos para la vivienda. Ésta costaría menos si se eliminaran las restricciones a la construcción, por ejemplo, en cuanto a altura y al desarrollo de las ciudades.
    Y, una vez más, el emprendimiento popular casi se imposibilita por las restricciones estatales y municipales: iniciación de actividades, patentes de alcohol, baños de hombres y de mujeres, no más taxis, prohibiciones ambientales y de salud (piense amable lector solamente en la serie de restricciones que nos amedrentan a nosotros los chilenos relacionadas a la nueva ley del tabaco), persecución de vendedores ambulantes y kiosqueros, controles insuperables y caros, gastos notariales y de conservadores, impedimentos insoportables para la creación de un colegio, centros de salud, etc. Este etcétera daría para reformas “microeconómicas” interminables. Pero los políticos e intelectuales las consideran “picantes” e indignas.
    El enfoque prohibicionista (antilibertad), además de corromperlo todo, implica un enorme gasto público inútil. Éste se financia con impuestos que pagan, de preferencia, los grupos medios y pobres de nuestro país, y no los “ricos” como los demagogos nos tratan de vender. Estas cargas limitan el desarrollo y el empleo, y sirven para pagar buenas rentas a políticos y burócratas.
    El prohibicionismo fomenta el clandestinaje, el crimen, el delito y la inseguridad, acaso no lo entienden respetadas autoridades chilenas?. Solamente cabe observar la evolución de estos números desde mediados de los años noventa.
    Ahora, si quiere quedar bien, debe decir que hay que mejorar la educación, y como esto es de largo plazo, vámonos a dormir tranquilos, luego de agregar que se deben subir los impuestos, para que los políticos gasten más. En verdad, si se cerrara el Ministerio de Educación y esa plata, más la de inspectores y burócratas inútiles, se destinara a subsidios a la demanda de la clase más modesta, en un ambiente de libertad, mejoraría la calidad en el corto plazo. Esto vale también para la salud, donde ha habido algunos programas exitosos a nivel mediático (un gran ejemplo lo constituye el programa “sonrisas de mujer” de la ex primera dama Luisa Durán de Lagos) y otros no tanto (como lo vergonzoso que ocurre actualmente con la píldora del día después), no obstante lo anterior, persisten la mala calidad y precariedad de la salud pública para la clase humilde.
    Ya no es tan bien visto hablar del imperialismo, el capitalismo, la explotación y los chupasangres, no nos “ESCALONA” socialmente. Ese tipo de calificativos ya huelen rancio y son absolutamente pasados de moda. Pero, por prudencia y elegancia, no diga que este enfoque erróneo del siglo XIX capotó, aunque su nefasta influencia en las políticas sociales aún persista.
    Lo que sirve a la clase más modesta no es la represión socialista, sino la libertad, el desarrollo, los bonos y subsidios directos, las oportunidades y esa mala palabra, irreproducible, de once letras, que empieza con “c” y termina con “a”. He dicho.

  • Social Responsibility?

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    No hay nada más propio de los discursos modernos que hacer referencias a la responsabilidad social de la empresa, del Estado y las organizaciones sociales. Para los dos últimos, este concepto es parte de su esencia, pero para la empresa, la resonsabilidad social es una idea relativamente nueva. Distante de la concepción de acumulación del máximo posible de utilidades para sus accionistas, que dominó el discurso público de las grandes corporaciones desde mediados del siglo XIX y casi todo el siglo XX.
    La responsabilidad social es el mensaje de reencantamiento de la empresa moderna con una sociedad crecientemente informada, tecnologizada, democratizada, pero no muy enriquecida. A casi diez años de la introducción estable de esta idea en Chile, ¿qué tanto se tiene claro a nivel de ciudadanía sobre lo que implica y cómo lo están haciendo quienes deberían ser sus principales protagonistas?. Leí recientemente una encuesta de la ONG Prehumana con Adimark, cuyos resultados no son para nada alentadores.
    En primer lugar, el 36% de los encuestados (892 personas, de 17 a 70 años, en los cuatro centros urbanos más grandes de nuestro país) no ha escuchado jamás hablar de responsabilidad social (en adelante RS), y a la hora de preguntarles qué es la RS, el 42% señala que es la responsabilidad del ciudadano con la sociedad. Sólo el 4,8% considera que esta responsabilidad tiene que ver con las empresas, y 4,2% dice que tiene que ver con la responsabilidad y deberes del Estado.
    Llamados a evaluar con nota de 1 a 7 a las empresas, Estado y organizaciones sociales frente a su responsabilidad social, la empresa privada es la que más se dice que incumple su labor social en las seis áreas preguntadas: cuidado del medio ambiente, comportamiento ético, inclusión de todo tipo de personas, ayuda a la comunidad, buenas condiciones laborales y entrega de información.
    Con todo, el incumplimiento de RS para la empresa privada (las notas entre 1 y 4) nunca baja del 54% en ninguna de las seis áreas citadas, y llega a un peak de 78% en el tema de medio ambiente, secundado por incumplimientos en la ayuda a la comunidad (67%) y comportamiento ético (66%).
    Al Estado no le va mucho mejor, con incumplimientos severos en el cuidado del medio ambiente (67%), comportamiento ético (56%)y en buenas condiciones laborales (50%).
    Las empresas privadas y el Estado tienen serias dificultades para ser consideradas socialmente responsables. Eso debería ser más preocupante que algunos dislates verbales episódicos. Porque las palabras pasan y las explicaciones existen, pero la sensación ciudadana de que la responsabilidad ciudadana es más un discurso que una realidad, no se corrige con un estrechar de manos, ni con una gran sonrisa de la presidenta, ni una complicidad parlamentaria coyuntural, ni menos con miradas que buscan victorias políticas en el corto plazo.

  • Sobrepoblación Mundial y Descentralización Chilena

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    He vuelto a los quehaceres de la web, estoy en pleno huracán de exámenes así que es por eso mi ausencia, gracias a los que me enviaron mails, de a poco los iré contestando de acuerdo?.
    Quise hacer un break a todo y comentarles acerca de un interesante artículo de la penúltima edición de la revista "Nature" que leí esperando en la consulta de mi dentista, se los comento a continuación.
    Existe un informe de la ONU para los Asentamientos Humanos del que hace un par de semanas se conocieron algunos adelantos concluyó que durante el próximo año más de la mitad de la población del mundo vivirá en áreas urbanas, aunque no precisó los porcentajes. Según la investigación, de los 6.450 millones de habitantes de la Tierra en 2005,3.170 millones, el 49,1%, residía en ciudades. De esta forma, con una tasa de crecimiento del 1,78% anual, se estima que de los 8.100 millones de seres humanos en 2030, alrededor de 5 mil millones morarán en centros urbanos...uff!!
    Se trata de un fenómeno, agrega el estudio, especialmente claro en los países en desarrollo, entre ellos los latinoamericanos. Y eso, si se considera la dimensión de la pobreza, tiene expresiones diferentes a las más habituales en las zonas rurales. Sobre esto, el programa de la ONU establece que la población que vive en las zonas marginales de las ciudades ha crecido en forma sustancial y ya supone un tercio de todos los habitantes de la Tierra.
    Sería valioso que este tipo de información global sirviera para impulsar ciertas iniciativas en Chile. Según el Censo 2002, el 86,6% de los chilenos vive en zonas urbanas y el 13,4% en áreas rurales. En 1992, los porcentajes eran 83,5% y 16,5%, respectivamente. Conviene tener en cuenta que el éxodo campo-ciudad no es en sí mismo negativo. En la medida en que se produce en forma más o menos constante y diversificada puede ser, incluso, interpretado como la consecuencia de que las urbes son un factor productivo interesante y que ofrecen satisfacciones a problemas que el campo no puede dar.
    Lo que sí debiera inquietar más en Chile es que buena parte de esos traspasos de población se dirijan hacia la Región Metropolitana (Región en donde se encuentra Santiago, nuestra capital), en general, y la capital, en particular, fenómeno que se suma al crecimiento natural de la masa de habitantes capitalinos. Como resultado, de acuerdo con el mismo Censo 2002, el 40,1% de la población chilena vive en la Región Metropolitana, mientras que una década antes era el 39,4%. Esta alta concentración de recursos humanos y productivos en la capital juega en contra del desarrollo del resto del país. Por eso, lo deseable sería que autoridades y legisladores mostraran, con hechos, más compromiso con un verdadero proceso de descentralización. Es un asunto de larga data en la agenda política y legislativa del que se ha hablado mucho, pero en el que, con algunas excepciones valiosas, se ha hecho bastante poco e, incluso, ha sido objeto de no poca retórica inconducente (como el debate sobre la ubicación del Congreso).
    Chile requiere un impulso definitivo a la creación de polos de atracción urbanos distintos a la capital. Y eso supone nuevos diseños políticos y económicos. En el primer plano, por ejemplo, una redefinición de la naturaleza de las autoridades regionales. De los intendentes, por ejemplo, que tal como están concebidos hoy son figuras claramente insuficientes. Lo mismo pasa con seremis y gobernadores. Hay que cambiar su sentido: más que representantes de la máxima autoridad del Estado en las regiones (el Presidente de la República los elige) debieran ser exponentes de ellas ante los personeros centrales.
    En el nivel económico las partidas que se dedican a los gobiernos regionales son insuficientes y, además, en un porcentaje altísimo (cerca de un 70%) el destino de las inversiones se decide en la capital. Se requiere más autonomía en este punto. Entre las 36 medidas con las que la Presidenta de la República se comprometió durante sus primeros 100 días está la creación de las Agendas Regionales de Desarrollo Productivo, que tienen, en lo esencial, la misión de coordinar la oferta de instrumentos de apoyo a las empresas locales y articular los procesos de inversión pública a través del Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR) y los programas sociales sectoriales. Si bien su concreción es valiosa, aún es muy insuficiente para el tamaño del esfuerzo que Chile requiere en este materia...al parecer Santiago, y, precisamente la Región Mepropiltana siguen siendo Chile.

  • The Da Vinci Code

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    Asistí el jueves pasado junto a mi hermano y un par de amigos al estreno mundial de la película El Código Da Vinci, basada en el best seller del mismo título.
    Había leído el libro de Brown, junto a su biografía, alrededor de un año atrás. Creo que el libro me lo leí en 3 días, no podía parar, era algo obsesivo, más aún al saber el pronto estreno de la película, contaba los días para la preventa de entradas.
    Desde su salida al mercado el 2003, ha sido blanco de disputas y críticas, pero también de debates razonables que han contribuido a poner sobre la mesa aspectos relevantes para la calidad de la convivencia y la tolerancia en las sociedades democráticas. Entre ellos, sobre todo, la naturaleza y alcances de la libertad de expresión, en este caso a partir de los esfuerzos por establecer los márgenes que separan aquello aceptable de lo que no lo es en temas como la sátira o abierta deformación de hechos fundamentales para algunos credos (recordemos pues, amables lectores sólo lo que sucedió con las caricaturas de Mahoma hace un par de meses) y consideraciones respecto de las características y licencias que se puede permitir un género literario como la novela.
    Son todos asuntos de naturaleza en extremo compleja, con definiciones que dejan un amplio margen para la opinión fundada y legítima y, por tanto, para la sana discrepancia e intercambio de ideas. Aun así, sobre esas bases es posible establecer, en principio, dos aspectos. El primero, que no puede ni debe estar en cuestión el derecho a producir y consumir obras, ya sean literarias, cinematográficas o de otro tipo, sólo porque haya sectores, por amplios que sean, que estimen que ofenden o distorsionan puntos esenciales de su fe y que consideran como verdades históricas.
    Lo anterior, como salta a la vista, descarta la censura previa como una práctica aceptable en los regímenes democráticos. Eso, sin embargo, no tiene nada que ver con las responsabilidades a partir del mal uso del derecho de expresión, de abusos que eventualmente se constituyan en calumnias o en mensajes de incitación al odio, la segregación o cualquier otro tipo de discriminación contra individuo, grupo o comunidad alguna. En esos casos, claro está, lo que corresponde es que, a través de la justicia, se persigan los castigos que ameriten. Pero se trata, en todo caso, de actos a posteriori, para nada a priori.
    Con todo, es cierto que establecer aquello, es decir, cuándo se deja de usar un derecho para abusar de él y cometer posibles ilegalidades, supone moverse en una frontera fina, muy difícil de delimitar las más de las veces, lo que explica polémicas como ésta a propósito de El Código Da Vinci y de muchas otras a partir de obras con similares características.
    Del mismo modo, sería muy difícil, incluso incomprensible para muchos, que se limitara la libertad de creación de un autor por razón de la naturaleza de su objeto de interés artístico. Una novela es un espacio libre para el desarrollo de la ficción, incluso en aquellas creaciones que se inspiran en determinados períodos o personajes históricos. Por lo tanto, en sus páginas se puede, si el autor lo considera necesario para la trama de su creación, falsear total o parcialmente hechos históricos o que, como es el caso para los cristianos con El Código Da Vinci, algunas comunidades pueden considerar como verdades históricas, y lo mismo cabe plantear respecto de otras creaciones que se inspiren en esa literatura.
    El segundo aspecto que no puede estar en duda en las sociedades democráticas es el legítimo derecho de todas las partes a manifestar sus opiniones en este tipo de controversias. Y en esta polémica, por cierto, no son atendibles críticas a la Iglesia Católica por cuestionar, incluso en forma vehemente, esta novela, la película basada en ella y el o los mensajes que, a su entender, pretenden transmitir. Esto mismo, por cierto, es válido para todos aquellos asuntos que considere que atentan contra su doctrina.
    La Iglesia Católica, en Chile y en cualquier parte, no sólo puede, sino que debe defender aquello que considera como verdades históricas, actos de fe cristiana que, según su visión, hayan sido distorsionados o totalmente falseados. Desde ese punto de vista, entonces, se entiende y justifica que llame a sus fieles a no leer ni ver El Código Da Vinci o que, al menos, si lo hacen, lo hagan con clara conciencia de que se trata sólo de una ficción.
    Imaginen por solo un segundo si lo que señala Brown fuera cierto, no se produciría acaso una deslegitimación de la Iglesia Católica? no se produciría un quiebre total y un terremoto a nivel religioso?, por lo tanto, y bajo ese prisma, es totalmente comprensible la reacción de la Iglesia y su llamado a no verla o verla sólo como una simple novela, diciendo con ello que eso de "simple novela" es sinónimo de ficción.
    No habrá algo de realidad en todo esto? porqué esa sobrereacción de la Iglesia?. La verdad y observando detenidamente "la última cena", como nos invita Da Vinci, no da para dudar unos segundos?

  • Hermandad Chilena Peruana

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    La idea de hermandad Chilena-Peruana cobra especial relevancia en momentos en que la nación vecina se encuentra ad portas de una definición presidencial entre el ex militar Ollanta Humala y el ex mandatario Alan García, quienes se enfrentarán en las urnas el próximo 28 de mayo.
    El candidato que resulte ganador deberá considerar la voz de la opinión pública al diseñar y aplicar su política exterior hacia Chile. La manera en que lo haga y las señales que escoja dar tendrán decisiva influencia en la manera en que la ciudadanía de ese país, a su vez, percibe a sus vecinos del sur.
    Diversas encuestas de opinión dejan en claro que los peruanos sienten por Chile una mezcla de resentimiento y admiración. Por un lado, otorgan a una serie de atributos negativos a Chile y lo eligen, con mucha distancia, como la nación más antipátíca de la región, a la vez que lo consideran un "enemigo".
    Sin duda, en estas valoraciones negativas juega un rol clave el peso de una carga histórica influenciada de manera decisiva por el conflicto bélico que enfrentó a ambas naciones hace más de 125 años. Es obvio que los peruanos no han conseguido dejar atrás los efectos sícológicos de la Guerra del Pacífico. El sentímíento antichileno se encuentra anidado transversalmente en la población peruana (aunque de una manera menos intensa en los sectores más acomodados). Esto constituye un dato difícil de alterar en el mediano plazo y debe ser incorporado e íntemalizado a la hora de abordar las relaciones bilaterales.
    Sin embargo, junto con esta percepción existe otra que da cuenta de una apreciación positiva entre los peruanos del avance que muestra Chile en su desarrollo económico. Los vecinos del norte tienden a ver en el dinamismo que ha mostrado la economía nacional en las últimas décadas un camino que a ellos también les gustaría recorrer.
    Es justamente esta valoración positiva, unida a la sensación mayoritaria, expresada en los resultados de la encuesta, de que chilenos y peruanos son pueblos hermanos que deben tratarse como tales, la que abre las puertas a una colaboración más intensa entre ambos países que permita ir construyendo bloques de confianza mutua. Para avanzar en ese sentido, Chile debe explotar la buena evaluación que hacen los peruanos y transformarla en una oportunidad de convertirse en un agente que colabore, dentro de los márgenes posibles, para que a Perú le vaya bien. La experiencia de los años 90 demuestra que no hay mejor bálsamo para los vínculos bilaterales que el hecho de que ambos países vivan períodos de auge económico y que, por lo tanto, está en el interés de Chile que Perú avance hacia el desarrollo.
    Aunque obviamente corresponde a los peruanos y a sus autoridades generar y aprovechar las condiciones para que ese país crezca de manera sana y armoniosa.
    Chile tiene a mano algunas herramientas como por ejemplo el reimpulso a las negociaciones para un acuerdo de libre comercio para ayudar a que ese objetivo se concrete. Las inversiones chilenas en Perú (que hoy alcanzan los US$ 4.000 millones y respecto de las cuales la encuesta revela que los peruanos tienen sensaciones mixtas) pueden constituirse también en un vehículo de acercamiento, tarea en la cual los empresarios nacionales tienen un papel que cumplir. Otras áreas, como por ejemplo la homologación de los gastos militares, pueden colaborar asimismo a la creación de un clima de confianza que, aunque no logre erradicar el peso histórico con el que cargan los vínculos bilaterales, al menos ayude a explotar las oportunidades que deja al descubierto la encuesta para la relación entre Chile y Perú, relación que esperemos sea civilizada y afortunada.

  • El pasado te condena

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    Alan García está sonando fuerte como próximo presidente del pueblo peruano. Está muy claro en la opinión pública que a este señor sí que su pasado lo condena. A recordar: su gobierno (1985-1990) estuvo marcado por una muy grave crisis económica y una hiperinflación, terminó su gestión con la imagen de haber llevado a su país a la ruina, y como si fuera poco, su gobierno debió enfrentar el auge de las acciones terroristas de Sendero Luminoso.
    Por decirlo de manera elegante...no muy probo su gobierno. Ahora nuevamente a punto de ganar las elecciones...le creerá nuevamente el pueblo peruano?
    En el supuesto de que gane la segunda vuelta en Perú ...¿qué puede esperarse de Alan García?
    Lo más probable es que ni él mismo lo sepa. García es un animal político, un zoon politikon, como nos diría aristóteles, un ideólogo o intelectual. Aunque tiene una formación socialista, lo que gobierna su conducta política son sus intuiciones y su olfato, no sus convicciones. Por eso suele decirse de él que le dice a cada auditorio lo que quiere escuchar. Durante su gobierno, pasó en un santiamén de tener una corte de empresarios a los que se conocía como los "doce apóstoles" a decretar la expropiación de todo el sistema financiero.
    El escenario que le tocará en caso de ganar será el de unas arcas fiscales sanas, unos ingresos sólidos y un crecimiento decoroso, pero también una enorme presión social de parte de la población menos favorecida, parecida a las que acompañó el triunfo de Toledo en 2001.
    El García populista sabe que, en estos tiempos de vacas gordas, tiene la posibilidad de hacer uso político del dinero sin pagar un precio económico inmediato. El García con sentido de la historia quiere limpiar el recuerdo de su primer gobierno. Entre esas dos pulsiones se moverá su hipotético gobierno.
    Su primer gabinete sería, sin duda, tecnocrático. Querrá demostrar prudencia y responsabilidad. Pero sus ministros descubrirían muy rápidamente que García es su propio consejo de ministros. En la medida en que su apoyo se sostenga sin necesidad de grandes gestos voluntaristas, García dejaría que la economía siga su actual curso. Pero ante cualquier posibilidad de que le suceda lo mismo que a Toledo (es decir el desplome de la popularidad), su instinto populista entrará en acción.
    En política exterior, García hará lo mismo que en política interna: administrar el grado de responsabilidad en función de la necesidad política. Apelará menos que otros al "expediente chileno", También querrá ser recibido en Washington, donde ha sido despreciado desde los 80. García daría un brazo por tomarse la foto en la Casa Blanca..ni más ni menos.
    A pesar de su no muy decente gobierno anterior, ante Humala, lo prefiero a García, sin lugar a dudas, frente a lo malo, lo menos malo siempre es mejor.

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